Comunión
63-0707E
Permítanme mostrar este punto: cuando somos juzgados por la Palabra, lo cual es Cristo, somos disciplinados. Si estamos haciendo lo incorrecto, no estamos viviendo a la altura de esta Palabra, somos disciplinados del Señor. Y cuando el Señor nos disciplina, eso significa que nos corrige, para que no seamos condenados con el mundo.
Nosotros no somos del mundo. Somos diferentes al mundo, vivimos una vida diferente, una vida separada. Jamás debemos vivir la vida del mundo y ser Cristianos. Debemos vivir una—una vida sobresaliente, una vida diferente. Y no estoy hablando de algo en las esferas sociales, sino que debemos vivir una vida de santidad genuina en donde los frutos del Espíritu se puedan ver en nosotros: en humildad, gentileza y paciencia, longanimidad, fe: los frutos del Espíritu.